Exacción


La galbana precipitó el lenguaje
una palabra se derrumbó sobre la mesa
con inapetencia de costumbres

ya no es posible la jactancia
prefiero nuevos nombres

su propia trova
el color disipado
el esperanzado paso ajeno.

Con el aire



De tanto ser tono en la queja
y recorrer para los dioses como Layo,
entre muertos reina sin vahído
en suspenso entre el ya y el todavía.

Dolor de ser callada y hechizada
pena de raza en corazón trabaja
ensanchando una porfía y un florete.

El púrpura, musitan, y se cura,
de andar por las pasiones y gemidos
por el mal del esmalte y la manía
al son y entonación de contracanto,
el veneno final calmoso apura
y se enamora del silente espanto.

El viaje de la ausencia




En la epifanía de un mundo carente de miradas
aparecen paisajes, algunos perfectos, otros humanos.
Deberíamos atrevernos a reconocer lo real,
aquello que nunca hemos deseado por molesto.
Y molesta y avasallante es la imagen de la infelicidad
de los ojos incorpóreos.
Deberíamos saber recorrer todos los caminos al mismo tiempo.
Caminar, sintiendo cada uno de esos cuerpos
porque hay demasiado por descubrir en cada vuelo.

Esquivas ventajas meridionales




Culminantes esporas sin sucesor y viciados fotogramas
-humedecen la confusión inseparable de la loa-

nuestro camino de indiferencias
-indisoluble frente a cada uno de los planos inconclusos-

la luna, resguarda la constante lesión
sometida al eco de lo rígido.

Dar tiempo al tiempo





Siguen allí, aguardando. No se las adora ni aborrece, se las inmortaliza, se las atañe, nada más, sólo eso. Ellas almacenan sus difuntos, aguardan un día de ecuanimidad, distintivos recordatorios esplendentes, monumentos insanos que las hagan sentir merecedoras y no coautoras.
Hay quienes opinan, y quienes saben, y quienes indican:
es ésto cuanto trascenderá. Para mí, sólo será falsa tarea de pequeños individuos.

Faltante





Ese lugar, ese dominio de viejos era lugar sereno, era extenso 

y calmo mar en donde se vivía acostumbrado al fresco, 
a lo niño, y así, sin grandes consternaciones, 
vegetaban y le citaban vida.
Hoy no poseen espacio, ni tiempo, ni bienestar. 
¿Azota a la patria la plaga? 
¿Quién puede indicarles qué ocurre?

Somos lo que somos



Pánico y agudas preguntas desamparadas como cardos y setas en la noche del monte. Extraños, al volar de los atajos, entre faltas y corduras, así van de nosotros nuestros pasos. Ávido silencio los cerca y algún gorjeo se oye como una chispa de sol sobre el verde. Esto somos, lo que somos, resignada amnesia. Pernoctados entre árboles desvelados indagamos la templanza, la sábana aromática. Sin palabras, citando con los ojos, expresamos en convulsión nuestra jaculatoria, mientras rechina la noche empecinada habitada de gusanos.

Terciaria


Desde un límite de flor
desde su hebra
emiten los cuatro vientos
cada fruto mondado para el hambre.

Orgullosa epifanía indiscutible
mandamiento de ser la primavera.

Se mece en calma


En defendido puerto original
a unas brazas de la costa,
los aparejos tiesos
y las cargadas velas

y en los bordes
lo presente
castas incalculables
de valientes en silencio.

Cesionario






De estallar un mito
posiblemente
rodaría la visión en la afonía
hasta empatar su danza.

Amanecida


El agua rodando del silencio
hacia el verde de los pinos
anhelante de cada ínfimo elemento de su savia

cada pluma
adelanto del contiguo vuelo
y su borde
enunciado los síntomas
de un versículo improbable.

Visto


Jamás es más feroz la estrechez
que en el invierno
cuando el día, notable tamba
continuamente se cubre
con los setos por el frío.

Ruido


Cuando el ruido del vendaval
te apresa solitario y por la espalda
resuelves que nada atajará la liga
del níveo sobre la calidez del mineral.

 

Hincas tu molestia sobre charcos
con preces, y
gastándote la boca
como si un pequeño sombrío
luchara por ti surcándote la frente
la confusión te hace falsear ruborizado.

Mensaje

Se aísla
resistiendo el bocado
tenso e impróvido,
la piedra de su corazón
fortaleza de un mensaje,
el empeño.

Progresión

Instancia del atardecer
tu languidez del día
vendaval de sombra
esplendor de aire

alivio de simpleza
tu compromiso de paciencia
apatía de certeza
criba de distancia

paso del esfuerzo
tu pared de desorden
vientre del apuro
obra de lo ignoto

contorno de la médula
tu seno de lo inmortal
revelación del trono
gala inesperada

oficio de la prédica
tu velo de expresión
fiebre de claridad
cohesión del éxtasis

irregularidad del otro
tu apéndice de lo fugaz
exuberancia del fundamento
respiro de esperanza.

Melancolía ascendiente
y tú, cielo sin fin.

Nadie supo ni sabe por qué fue

Nadie supo ni sabe por qué fue... tal vez la voz le musitó al oído y disoluto en la superioridad de sí, él solo, ideó lo inexcusable.

¿un acto sin exaltación? ¿un acto de atropello puro que por nada se expresa transgredir?

Ese acto lo ennoblece como a un Dios... aunque, en aquel momento, para qué originar y más en el perjurio.
Tal vez cuando lo arrebató el momento, resolvió no ir mas, no pudo sujetarse porque algo agitaba aquella cuerda, la tensaba sin saber. Nadie supo ni sabe por qué fue.

Nepotismo

El débil viento de obstruidos párpados
me empuja

supina de paz bajo las olas
la mirada

y autónomo del ángel nebuloso, subo
al calcio del reclamo sin escala.

Optar

¿desde el instante del agrado o desde siempre?

Insuficiencia


Dónde
las crónicas azules
explicadas en los bares
de un acaso sin reparos.

Dónde
la memoria rendida
desmenuzando lo cierto y lo fortuito
en la comparsa de una calle
que se cierra sin preguntas.

Los mártires
a veces son sagaces
y tejen sus lenguas entre sí.